La última vez que nos besamos recuerdo que pensé; no sé cómo contar las dimensiones del espacio, no sé medirme contra el cosmos pero intuyo, con esta risa íntima, como guiñándome a mí mismo el ojo, mi fértil nadería, mi espléndido guarismo ante una cifra kilométrica. Y encima de esa idea que se fugaba pensé también que nuestro beso ahí, en ese instante, era como un impacto de partículas que hubieran circulado muchos años, y tal vez muchos siglos, en el imperio de la vastedad. Como un átomo loco porque nada, como un hombre perdido porque nadie fijó jamás un límite a su estancia. La vida era girar en un inmenso túnel que llamamos mundo, en un bello circuito desdeñoso que no registra nuestros parpadeos, nuestro suspiro vespertino un miércoles cualquiera. Suelo poner las manos sobre el pasto, en la banqueta, pegado al tráfico de la ciudad, para decir con todo el cuerpo: aquí, como si deletreara las coordenadas de ser yo, como si diera pistas para que me hallaran. Y entonces ese beso, y entonces esos labios en los míos, en esa vuelta velocísima del mundo, en esa ciega circunvolución, llegaron, o llegó, toparon con un átomo que igual giraba locamente acelerado. Duró un instante apenas, una idea que se construye conforme se fuga. Eso pensé la última vez que nos besamos.
-Julio Trujillo (2014).
Y entonces ese beso, y entonces esos labios en los míos que son los tuyos. En esa vuelta velocísima del mundo, en esa ciega circunvolución, llegaron, o llegó, toparon con un átomo que empezó a girar locamente acelerado. Duró un instante apenas, un segundo que se construye conforme te marchas. "Un átomo emite un electrón y reordena el mundo". Eso pensé la última vez que nos besamos. Juanjo Aguilar.
Para este 2014 mi propósito es aprender a vivir sin motivantes.
-Nochevieja en Moscú. YURI KOCHETKOV (EFE)
Hay que aprender a vivir sin motivantes. Hay que aprender a vivir sin motivantes: Sin café, Sin teína, Sin cafeína, Sin taurina; sin motivantes. Hay que aprender a vivir sin motivantes, Sin móvil, Sin radio, Sin televisor, Sin internet; sin motivantes. Hay que aprender a vivir sin motivantes, Sin contrato fijo, Sin casa propia, Sin coche, Sin libertad; sin motivantes. Hay que aprender a vivir sin motivantes: Sin abrazos, Sin caricias, Sin besos, Sin sexo; sin motivantes. Hay que aprender a vivir sin motivantes, Sin cian, Sin magenta, Sin amarillos Ni blancos ni negros; sin motivantes. Hay que aprender a vivir sin motivantes, Sin libros, Sin música, Sin cine, Sin arte; sin motivantes. Hay que aprender a vivir sin motivantes, Sin salud, Sin dinero, Sin amor, Sin lujos; sin motivantes. Tienes que aprender a vivir sin motivantes.
Llama a este número ¿De acuerdo? Llama a este número, el número que aparece aquí [φ] y di Macarrones. ¿Vale? Hazlo. Di macarrones y cuelga sin hacer preguntas.
-Escena de los juglares. La marrana (1992). José Luis Cuerda.
El cyranismo figura como motivo implícito en muy distintas obras artísticas que abordan el problema de la insuficiencia del amado, y que, para hacerlo, presentan a los personajes como dos piezas complementarias de una unidad ideal. Otra mención indirecta, pero no por elo menos reveladora, a este asunto, se halla en la novela de Ray Loriga Ya sólo habla de amor, en la escena que muestra el encuentro entre dos personajes contrapuestos: el protagonista, abandonado, solitario y melifluo, y un plutócrata suizo, con perdón por las redundancias:
Sí, la chapa...., los mensajitos..., lo que hay que hacer para
volverlas locas... lo bonito. [...] Seguro que usted, siendo es-
critor y eso, es súper bueno con la chapa.
Súper bueno -Dijo Sebastián con una sonrisa, de hecho soy
el rey de la chapa.
¿Y cómo hace eso?
Bueno, lo fundamental es creérselo.
¿Creérselo?
Eso es. Lo que usted llama la chapa es toda mi vida.
Jo, qué tío, yo con la chapa soy fatal. Me imagino que us-
ted y yo juntos..., usted con su chapa y yo con lo mío...,serí-
amos la hostia.
Seríamos la hostia, sí, pero yo necesitaría una nariz más
grande, y además ya está escrito, y nos demandarían por pla-
gio. También podrías ser un niño de madera y yo un grillo
Unos aseguran que la poética romántica reside en el acto de atar un candado a un puente y grabar en el dos nombres: Luis y María Raquel y Carlos Marta y Alonso [Los nombres siguen siendo los mismos, el material es otro]
Otros sostienen que es una acción sistemática sin fundamento, sin sentimiento:
Ahora las parejas leen esas vetustas incomodas ternuras en las paredes en los troncos en los candados y comentan: qué ñoños antes de separarse para siempre. Y puedes estar más o menos de acuerdo con ellos. Pero la que es innegable es la otra poética, la del tipo en uniforme que se para en el puente de Triana Y con una cizalla resucita una historia de amor ya terminada, La de aquellos que aseguraban que la poética romántica se encerraba en un candado, aquellos que jamás se vieron reflejados en la savia de algún tronco qué ñoños y se besaban sobre el puente (Este que os digo de Triana) antes de separarse (Luis y María Raquel y Carlos Marta y Alonso) para siempre.